Mostrando entradas con la etiqueta Mi libro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mi libro. Mostrar todas las entradas

29 de octubre de 2015

Larga vida al blog!


¡HOLA BLOGGUEROS! El blog ha estado inactivo por untiempo muy largo, pero ya estamos de vuelta, también quería presentarme. Soy Jennifer, la hermana de Jesica (creadora del blog) Por falta de tiempo y varios motivos más, la encargada del blog voy a ser yo, ella publicará de vez en cuando, pero yo seré la parte activa del blog, espero que me lleguen a conocer mejor y que tengamos una buena relación blogguero - lector. 

 Cuando publique algo mi firma será: Corredora nefilim 
 Y cuando Jesica publique su firma va a ser: Wanderer 

Estaremos activas, hasta pronto!

11 de septiembre de 2014

Cadenas.

Nuevamente, les traigo algo que escribí yo.


CADENAS:



Mírala, mirala a los ojos y dime que ves. Está aterrada, te tiene miedo. El amor roto danza en el ambiente. ¿Ves ese ojo negro? ¿Ves las marcas en las piernas? ¿Las magulladuras en los brazos? Tu le hiciste eso. Esa mujer a la que estas maltratando, podría ser tu madre, tu hermana, tu hija... ¿Le pegarías a tu hija? ¿La golpearías hasta dejarla sin sentido? Eso es lo que esas haciéndole a la mujer que te ama. Esa mujer daría la vida por ti, esa vida que tu le estas quitando. ¿Que ganas con esto? Destruiste su vida, le cortaste las alas, le metiste en una prisión sin salida. Lo peor de todo es que ella te ama, todas las noches llora hasta quedarse dormida preguntándose que es lo que hizo mal. Y es que no es muy tarde para ella, podría ir y delatarte, gritarle al mundo tu crueldad... Pero no lo hace. Porque te ama, porque tiene miedo. Solo desea despertar un día y que todo haya acabado, o irse a dormir con la esperanza de no despertar nunca. Se echa la culpa, cree que es ella la que está mal. Pero tranquilo, ella es fuerte llegará el día en el que la desesperación la venza y se libere de esto, llegará el día en el que diga ·nunca más" y escape de ti, pida ayuda, te abandone. Y entonces, te vas a dar cuenta de tu error. Te vas a dar cuenta de lo débil que eres y te va a dar miedo. Te va a dar miedo darte cuenta de que no vales nada, de que no eres nadie. Y ella va a seguir adelante, va a reanudar su vida, va a ser feliz. Y tu, pobre cobarde, te vas a querer morir, el mundo se te va a venir abajo y vas a ser tu quien tenga miedo, miedo de tener que vivir una vida sin ella.



                                                                                              - Jésica Bignoli.


Capítulo 8 de Yo Tan Bela Y Tu Tan Bestia. Interrogatorio Fallido.


Capítulo 8. Interrogatorio fallido.

Sus ojos azules me cautivan una vez mas. Nos miramos fijamente sin apartar la mirada. Su cabello negro despeinado le cae sobre los ojos y tengo que apretar la mano en un puño para contener el impulso de apartárselo. Mis ojos bajan momentáneamente hasta sus labios y el sonríe divertido.

-¿Estas bien?-Murmura, y sé que es hora de hablar.

Mi mente es un terremoto de pensamientos confusos. ¿Estoy bien? Bueno, hace unas horas me encontraba en el piso de mi casa temblando mientras mi padre me golpeaba en el estómago, las costillas y la cabeza. Y el chico que ocupa mis pensamientos, el que me besó, el que me aseguró que no nos volveríamos a ver, el que piensa firmemente que es peligroso, es quien me salvó.

-No lo estas, ¿Verdad?-Dice él.

Niego con la cabeza. El viento vuelve a soplar con fuerza y me hace tiritar. Hago una mueca de dolor.

Lucas frunce el ceño preocupado.

-Salgamos de aquí, debes de estar congelándote.-Se pone en pie y me tiende una mano.- Vamos a hablar a otro sitio.

Tomo su mano y el me ayuda a ponerme en pie con sumo cuidado. Caminamos lentamente hasta la puerta del ático y nos paramos cuando vemos las escaleras. No se si podré bajarlas. Apoyándome del brazo de Lucas, bajo un pie al primer escalón y siento una fuerte punzada en las costillas. Se me escapa un jadeo de dolor. Bajo el otro pie con cuidado, pero me duele todo el cuerpo y no puedo evitar el grito que se escapa de mis labios. No podré bajar. Él me mira preocupado.

-No puedo.-Le digo.-Yo... Creo que tendrás que ayudarme.

Me mira un segundo y luego se acerca a mi. Con mucho cuidado, pasa un brazo por debajo de mis rodillas y el otro por los hombros, tomándome en brazos. Poco a poco baja los escalones conmigo y llegamos al pasillo del último piso.

-¿Peso mucho? -Le pregunto a Lucas.

El niega con la cabeza y me sonríe con una mirada divertida.

-Oye, ya puedes bajarme. -Le digo al ver que aún sigo en sus brazos.

-No. Es mas rápido así y no te haces daño.-Dice mientras niega con la cabeza.

En el fondo estoy aliviada. No por el dolor, si no porque la sensación de tener sus brazos a mi alrededor es confortante. Apoyo la cabeza en su pecho mientras él camina y escucho los latidos de su corazón. Cierro los ojos y dejo que Lucas me lleve a donde sea que vayamos. Su cuerpo desprende calor y me siento querida en sus brazos.

-Llegamos, Cenicienta.- Murmura él en mi oído.

Abro los ojos y él me deja con cuidado en el suelo. Frente nuestro hay una puerta con el número 342. Lo miro interrogativa y el sonríe. Saca una llave del bolsillo y abre la puerta, dejándome pasar.

-¿Quien vive aquí?-Le pregunto.

El salón es bastante grande, formado por un sofá de cuatro plazas, dos sillones y una mesita. La televisión reposa en una pequeña repisa postrada sobre la pared. Lo que mas me llama la atención es el piso, todo cubierto de una moqueta blanca. Todo está limpio y organizado. A la izquierda del salón, está la cocina. Es pequeña, pero muy bonita. Y a la derecha sale un pasillo que supongo yo que dará paso a las habitaciones.


-Una amiga. Estabas inconsciente y no sabía que hacer contigo, así que la llamé y le pregunté si podía prestarme el apartamento para una emergencia.

Asentí con la cabeza. Y caminé hasta el centro del salón. Sentí sus pasos detrás mio.

-¿Y ahora qué?-Le pregunté.

-Ahora nos sentamos y hablamos.

Se dirigió al sofá con determinación y se sentó, haciéndome un gesto para que me sentara a su lado. Me acomodé al lado suyo y suspiré, girándome a mirarlo.

-¿De qué quieres hablar?

El silencio reinó en el salón durante unos segundos.

-Desde... ¿Desde hace cuanto?

Lo miré en silencio. No podía contestarle. Él estaba preguntando por Bill, un tema que he tenido que callar durante años. No podía confiarle mis mas oscuros miedos a él. Lucas esperó pacientemente por una respuesta, pero mis labios no articularon ninguna palabra.

-Ana, por favor.

Un nuevo silencio.

-Creí que íbamos a hablar.-Masculló.

-No puedo contestarte esas cosas Lucas.-Murmuré.

-Te salvé la vida.

Ambos nos miramos a los ojos.

-Gracias.

-De nada.

-Entonces... - Continua él, dispuesto a obtener una respuesta.

-No. Vamos a hacer un trato. Yo también quiero preguntarte cosas. Si tu me respondes algo, yo te respondo algo. Una y una.

-Es justo. -Respondió. -Sin evasivas.

-Sin mentiras.-Repliqué.

No contestó.

-Bien. ¿Qué quieres saber?-Me preguntó.

Pensé muy bien antes de contestarle.

-Te agradezco que me ayudaras... Pero, ¿Que hacías en mi casa? ¿Me espiabas?

El me miró y tragó saliva.

-Si.

Su respuesta me confundió por completo. ¿Por qué demonios Lucas me estaba espiando a las cuatro de la mañana? ¿Y por qué demonios eso no me asustaba ni me enojaba?

-¿Por qué?

-Lo siento, eso ya son dos preguntas. Es mi turno-contestó él. - ¿Desde hace cuanto?

-Desde que tenía cinco años. Hasta los 12. Mi hermano ya tenía 15 y le dio una paliza brutal. Le dijo que si me volvía a poner un dedo encima, lo mataría. Unos años mas tarde el se fue a la universidad y se mudó. Y yo me quedé sola con mamá y con Bill. Nunca intentó nada, porque nunca estaba en casa. Hasta anoche.

Sus manos cerradas en un puño temblaron y vi la tensión en su mandíbula.

-¿Por qué mierda nunca dijiste nada?

-Lo siento, eso ya son dos preguntas. -Respondí, devolviéndole sus palabras. -¿Por qué me espiabas?

-Porque estaba preocupado. Un amigo me dijo que últimamente habías faltado a clases y pensé que te había pasado algo. Así que... Conseguí tu dirección y fui a verte. -Contestó el.- ¿Por qué nunca dijiste nada Anastasia?

-Tenía miedo. Pensé mil veces en hacerlo, pero no podía. Y cuando Jake se fue, desapareció mi única protección y sabía que si hablaba con mi madre, o con la policía, Bill me haría daño. -Respondí. - ¿Por qué decidiste ir a verme a las cuatro de la mañana si se supone que querías saber como estaba?

El silencio inundó la sala.

-Porque no quería que me vieras.

-No creo que haya sido por eso que estabas en mi casa.-Repliqué.

-Te estoy diciendo la verdad.-Contestó.

-Claro, y yo tengo tres años.

Ambos nos miramos enfadados. Que frustrante. Me acomodo en el sofá dispuesta a conseguir una respuesta de verdad, pero un intenso dolor se esparce por mi pecho cuando me muevo. No puedo evitar el jadeo de dolor que sale de mi boca. Lucas me mira preocupado y se acerca más a mi.

-¿Qué te duele Anastasia?

-Las costillas, el estómago y la cabeza.-Le contesto.

-Dejame verte.- Me dice él. -Recuestate sobre el sofá.

Hago lo que me dice. Apoyo la cabeza sobre el brazo del sofá y me estiro con cuidado sobre él. Lucas se pone de pie para dejarme espacio y se arrodilla a mi lado. Me sube la camiseta poco a poco hasta la altura de las costillas y emite un gruñido de rabia.

-Lo voy a matar.

Me inclino un poco para poder verme y jadeo. Mis costillas están magulladas y tengo moretones de un intenso color violeta por todos lados. Lucas estira una mano con delicadeza y acaricia con cuidado uno de los moretones. Me estremezco. Sus dedos están cálidos y siento calor allí donde sus dedos pasan.

-¿Te duele?.-Me pregunta mientras me acaricia la piel con cuidado.

-No.-Susurro.

Él alza los ojos desde mi cuerpo hasta mis ojos. Y nos miramos fijamente. Siento sus manos calientes sobre mi piel. Mi corazón late con fuerza. Lucas desliza la mirada hasta mis labios y mi respiración se acelera. Él se inclina sobre mi y yo me muevo un poco hacia adelante, anhelandolo. De repente la puerta del apartamento se abre de golpe entra una chica, es alta y delgada, su cabello es oscuro y le cae en abundantes rizos sobre la espalda. Cuando nos ve se detiene y nos mira sorprendida y esboza una sonrisa mitad amarga mitad burlona.

-Vaya, que bien se lo pasan algunos.- Dice ella.

Yo me aparto y me bajo la camiseta rápidamente, si ella a visto las marcas, no ha dicho nada. Lucas se pone en pie y me mira.

-Ana, ella es Yessenia.-Y se gira hacia ella.- Yes, ella es Ana.

Yessenia deja su bolso sobre la mesa de la cocina y se gira hacia Lucas con las manos en al cintura.

-¿Por qué demonios te presto mi casa para una emergencia y tu la usas para desnudar a una chica?- Le pregunta enfadada.

15 de julio de 2014

Capítulo 7 de Yo Tan Bella Y Tu Tan Bestia. ¿QUIEN ANDA AHÍ?


Capitulo 7. ¿Quien anda ahí?




Tengo frío, me tapo, pero se que es inútil, el frío viene de adentro. Hace días que no salgo de mi habitación, no quiero comer, no quiero beber, ni siquiera llorar funciona, mis ojos están secos, ardiendo, recordándome lo débil que soy minuto tras minuto.

Miro el reloj, son las cuatro de la mañana. Mi garganta arde, estoy deshidratada. Me levanto de la cama y me pongo mis zapatillas, sin hacer ruido, voy hacia la puerta de mi habitación. Paso en frente del espejo y mi respiración se detiene mientras observo mi figura en el. He perdido un poco de peso, mis ojos se ven tristes, cansados, sin vida, casi irreconocibles por las enormes ojeras que tengo. No hay ningún rastro de emoción en mi rostro y estoy pálida, incluso mi cabello se ve diferente. Me obligo a moverme, arrastro mis pies hasta la puerta y giro el pomo, el aire frío de la noche me golpea y me hace temblar, bajo por la escalera sigilosamente y voy a la cocina, doy un paso e inmediatamente se que algo va mal, un escalofrío me recorre y me quedo inmóvil. Sentado en la mesa de la cocina hay un hombre.

-Annie.-Me dice Bill. Sigo sin poder moverme.

El gira la cabeza divertido y me contempla.

-¿Que está mal? ¿No quieres hacerme compañía?

Empiezo a temblar y me temo lo peor, el se levanta y se acerca a mi con tranquilidad, quedando a dos pasos de distancia. Bill nunca está en casa, solo por la noche y de mañana, temprano, que es cuando me voy, así que lo veo pocas veces nunca ha intentado nada desde que era niña, pero he estado temiendo este momento desde que Jake se fue.

Bill estira la mano y me toca un mechón de pelo, me acaricia con suavidad el rostro y me mira a los ojos. Todo lo que hace me parece repulsivo y tengo tanto miedo que no puedo hacer nada. No puedo controlar mi cuerpo, que tiembla y se encoge al menor tacto de su manos, no sostengo su mirada, me miro los pies e intento reaccionar. Doy un paso atrás.

-No...Me...Toques.-Mi voz es un murmuro tenso y firme, pero escucho el miedo en mis palabras. Y Bill también.
El sonríe, una sonrisa maliciosa, lasciva, repugnante.

-¿O que? -Dice y da un paso hacia mi.

Le miro a los ojos y se inmediatamente que tendré problemas si no hago nada. Me doy la vuelta y echo a correr pero el adivinó mis intenciones y antes de poder dar un paso, siento la mano de Bill sobre mi hombro. Me hace daño.

Desesperada busco a tientas algo con lo que defenderme, mis manos se topan con un objeto duro que no puedo reconocer por la oscuridad de la noche. Sin pensármelo dos veces, lo agarro y se lo arrojo directo a la cabeza. Un gruñido se escapa de sus labios y sé que le he dado. Su mano se zafa de mi hombro y yo vuelvo a correr hacia la puerta de entrada. Grito pidiendo ayuda, pero no tengo muchas esperanzas, si mi madre aun no ha escuchado el ruido, es que algo le ha pasado, pero no puedo ayudarla ahora, primero debo escapar de Bill.

Corro hacia la puerta y cuando estoy a punto de llegar, un fuerte tirón de pelo me detiene. Me tiene atrapada, sus fuertes manos tiran de mi cabello y no me dejan moverme. Intento safarme pero cuando mas me muevo, mas me duele. En un momento, estoy en el suelo y el está encima mio. Lucho contra el, moviendo piernas y brazos en un intento de salir de ahí, pero pesa mucho. El se inclina sobre mi con una sonrisa y se que tengo problemas.

-Creo que perdiste cariño.-Dice él en tono lascivo.

Decidida a no rendirme, lanzo con fuerza mi cabeza hacia adelante, golpeando la suya. Bill queda momentáneamente sorprendido y aprovecho para inclinarme y morderle el cuello. Un alardido de dolor se escapa de sus labios y se lleva las manos al lugar donde ahora hay una marca roja. Esa es mi oportunidad. Lucho con todas mis fuerzas para moverme y consigo girar un poco sobre mi cuerpo, pero no puedo salir. No puedo hacer nada, su peso es mayor que el mio y sé que no tengo escapatoria. Cierro los ojos porque se lo que me espera, y lo último que veo, son los ojos enfurecidos de Bill.

El se levanta y por un momento pienso que se va a ir, pero no, siento que me patea las costillas y un momento después, llega el dolor punzante que me atraviesa el pecho. Y otra vez mas, me golpea en las costillas, el estómago, incluso en la cabeza, y estoy indefensa, no sirve huir. Los golpes cesan de repente y un golpe sordo rompe el repentino silencio de la noche, luego escucho un grito, todo se vuelve oscuro, y se que he perdido la consciencia.






Me duele la cabeza. Siento la sangre bombear en mis oídos. No escucho nada, solo el sonido que hace el viento al soplar con fuerza. Me estremezco de frío y tiemblo. Me arde todo el cuerpo. Siento una cálida mano apartarme el pelo de la cara con delicadeza. Y se que tengo que abrir los ojos. Muy lentamente lo hago. Estoy en un ático y está amaneciendo. Mi cabeza está apoyada sobre el regazo de alguien y mi cuerpo está estirado sobre un muro frío de piedra. Me siento sobre el muro y respiro hondo, preparándome para mirar a la persona que me acompaña, aunque en el fondo ya lo sé. Me giro y mis ojos se encuentran con los suyos.

-Lucas.-Susurro.

26 de junio de 2014

Heterofobia.

¡Muy buenas tardes! Primero que nada, voy a pedirles disculpas. 

                                                   ¿Por qué? 

¡Porque estoy muy ausente! Ultimamene no estoy subiendo todas las entradas que me gustaría (que son muchas) y es que no tengo mucho tiempo y además estoy teniendo problemas en casa...(Esto no quiere decir que estaré muy activa estos días, sigo con problemas y poco tiempo:| ) Así que...
Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento.
¿Ya? e.e

Bueno, ya dejado claro este tema... Vengo a hablarles de mi nueva novela ;D

Y ustedes pensaran... Pero, si no tienes tiempo para el blog, ¿Como vas a tener tiempo para una nueva novela?
Tranquilos, yo me pregunto lo mismo. 
Lo que les traigo hoy, es la descripción de la novela, es decir, la sinopsis... Y comenzaré a escribirla a partir de agosto. (Ya se, falta mucho D: )

¡Pero bueno! Acá se los dejo, y como siempre, tanto críticas buenas como malas, son recibidas con los brazos abiertos.


                                    HETEROFOBIA.


¿Que pasaría si... El mundo fuera al revés? La heterosexualidad está muy mal vista. En este mundo no hay igualdad. ¡¿Relacionarse con personas que no fueran del mismo sexo?! Esto está prácticamente prohibido. Una mujer y un hombre... Juntos. ¿Es posible? Claro que si. ¿Es aceptado? Jamás, no en este mundo. 




FIN (: ¿Qué les pareció? :D Contesten, es una orden e.e .


Quizá la trama les suena... La idea la tomé de un video que vi hace un tiempo.  https://www.youtube.com/watch?v=GKt7YqJ7Egw   Ese es el link. Es un tema bastante serio, aunque muchos se lo tomen en plan broma. Creo que todos deberíamos tener el derecho de elegir a quien querer y quien ser. Esta novela, en cierto modo, es un golpe a la sociedad de hoy en día, parece mentira que estando ya en el 2014 haya gente que vea mal, que no acepete, ¡Que discrimine! a dos personas juntas del mismo sexo. 

Así que, eso es todo, se quien quieras ser y ama a quien tu quieras sin importar lo que digan los demás ;) ¡Un beso y feliz semana! (Aunque ya estemos a jueves)

7 de junio de 2014

Ecuália... El lugar donde cantan las almas.


Eramos los últimos dos habitantes en el mundo.
Perdida en su mirada, le pregunté en voz baja.
-¿Que será de nosotros? ¿A donde iremos ahora?
El me miró fijamente a los ojos y me dijo.
-Tranquila, todo estará bien.
Y yo le creí, porque él no mentía, porque me amaba, porque quería creerlo. Sin embargo le pregunté:
-¿Como puedes estar seguro?
El sonrió y señaló al cielo estrellado.
-La Tierra no es el único planeta. Mas allá de las estrellas hay un lugar llamado Ecuália... El lugar donde cantan las almas.
Lo miré incrédula.
-¿Ecualia? Jamás he oído hablar de ese lugar. ¿Como es que lo conoces?
-Hace muchos años, yo vivía en ese reino. La princesa Aurora, reina de aquel mundo, es mi hermana.
Me incorporé aturdida.
-¿Que?
-Sientate. Voy a contarte mi historia.
Volví a acostarme junto a él y miré las estrellas. Él también se acostó y empezó a contarme una historia imposible.
-Camila, no me conoces bien. Yo nací en Ecualia, lugar donde habítan mounstros y seres fantásticos, donde el sol y la luna comparten el cielo estrellado. Soy humano, pero no como tu crees. En Ecualia, todas las historias que has oído alguna vez, son verdad, tanto las de terror como las de fantasía. Ecualia está dividida en muchas partes, cada lugar lo gobierna un clan, y existen miles de clanes... El Clan Vampiro, el Clan de los Gigantes, el Clan de los Dragones, El Clan de los Torc-Madra, el Clan de los Hombres-Jabalí, el Clan de los Licántropo, el Clan Torc-Allta... Y hay muchos mas. Todos ellos habítan Ecualia y cada clan tiene sus propias reglas. Es un reino donde todo es posible, de día habitan elfos, hadas, pixies, ninfas... Y de noche, las calles las gobiernan los demónios, los dragones, los vampiros... Aurora, mi hermana, se encargaba de que todo estuviera en orden en los clanes, ella era amada por todos.
Un día, invadieron Ecualia y todo ardió en llamas. La desesperación y el dolor reinaba las calles y el sufrimiento se instaló en cada uno de los corazones de los habitantes. El Dios de la Guerra, Ares, nos había conquistado y mantenía presa a mi hermana. Los habitantes formaron un gran ejército para salvar a su reina, pero todo fué en vano, lucharon con su vida, y perdieron, pues el reino de las sombras, que luchaba junto a Ares, era invencible. Pasó el tiempo y el ejército de Ares se hacía mas grande, no solo luchaba con el reino de las sombras, si no también con el de los Linches, los fantasmas y la propia muerte. Ya no existían los días felicez y todo dejó de tener sentido para Ecualia. Allí es donde nos dirigimos Cam.
Aparté los ojos del cielo y lo miré.
-¿Me estas diciendo que... Tenemos que ir a un lugar llamado Ecualia, donde todo lo que siempre creí ficticio es verdadero y donde reina el mal y la desesperación?
El asintió y sonrió.
-Si, eso mismo. Sé que suena completamente loco e imposible... Pero es la única forma que tenemos de sobrevivir. Además, ya es hora de recuperar lo que le pertenece a mi familia.
Negué con la cabeza, aun completamente aturdida.
-Pero hay algo que no encaja... ¿No trataste de salvar a tu hermana? ¿Huiste de Ecualia y la dejaste sola?
-¿Como puedes creer eso? Veras, cuando me enteré de que Ares había capturado a mi hermana, huí de donde me encontraba, pues sabía que mis amigos no me dejarían marchar a esa misión suicida. Entonces me presenté ante Ares y le pregunté que quería a cambio de dejar libre a Aurora. El se rió de mi, y yo, ciego de ira, me lancé contra el e intenté matarlo.
Me quedé de boca abierta durante unos segundos y luego le pregunté:
-¿Y que paśo despues?
-Luchamos en combate, pero el no jugó limpio y me venció. Me desterró de Ecualia durante diez años, no podía volver o acabaría con la vida de Aurora. Y hoy, Camila, hoy se cumplen esos 10 años. Quiero que me acompañes a Ecualia para salvar a Aurora y recuperar el reino. ¿Vendrás conmigo?
Cerré los ojos y conté hasta cien, dos veces, tres, cuatro... Y entonces abrí los ojos y suspiré. No podía decirle que no a Jared.
-Iré contigo.
Una amplia sonrisa se extendió por su rostro y se acercó a mi. Sentí su respiración en mi cuello y me estremecí cuando sus labios rozaron mi oreja.
-Gracias Camila.-Me susurró.
Y entonces me besó. Y ya nada tuvo sentido salvo sus labios en los mios. No importaba que fueramos los últimos supervivientes en la Tierra, no importaba que fueramos a una misión suicida, no importaba que probablemente murieramos en el intento... Solo importaba aquel beso. Solo importaba él.


-Derechos de autor: Jésica Bignoli.







                           Ecuália...



 
 









27 de mayo de 2014

CAFÉ LITERARIO y... "Estuve en el fin del mundo"

¡LES INFORMO QUE EL CAFÉ LITEARIO FUE UN ÉXITO! 

Todos llevamos comida para compartir, había pizza, galletitas, torta de fiambre... Y para beber había té, chocolatada, café, jugo... ¡Fué un éxito! Cada uno llevó un fragmento de algun libro que le haya gustado mucho o algo de autoría propia. Yo, llevé algo de mi autoría, algo que había escrito precisamente para el café literario. ¿Y saben qué? VENGO A COMPARTIRLO CON USTEDES :D

Aquí va:

   ESTUVE EN EL FIN DEL MUNDO.


Cierro los ojos y me tapo los oídos con las manos, no quiero escuchar, no quiero ver. Estoy asustada. La puerta del pequeño armario donde estoy escondida, se abre de golpe. Un enfurecido Valentine me mira desde arriba. Tiene las manos cerradas en un puño y los ojos entrecerrados por la furia. Me agarra del pelo y me saca del armario tirándome al piso.

-¡PEQUEÑA IMBÉCIL! ¿QUE CREES QUE HACES?

Sé lo que me espera, así que no puedo hacer otra cosa que intentar protegerme. Me cubro la cabeza con los brazos y subo mis rodillas hasta mi pecho, me hago una bola. El me patea el estómago y me vuelve a gritar.

-¡MALDITA ESTÚPIDA! ¿PENSABAS QUE PODÍAS ESCAPAR DE MI?

Me golpea de nuevo, esta vez, en la cabeza. Empiezo a ver borroso. Veo a mi madre entrar por la puerta y tirar del brazo de Valentine, lágrimas caen por su rostro y no deja de temblar.

-Valentine... Dejala. ¡Pegame a mi! A ella no, por favor, a ella no...

Valentine empuja a mi madre y ella cae contra la pared. Llora y se tapa el rostro con las manos.

-¡NO TE ATREVAS A METERTE EN ESTO!

Mi padre se da la vuelta y vuelve a mirarme.

-Esto es por escaparte.-dice con voz baja y amenazante mientras me golpea en el estómago.-Y esto, es por intentar hundir a tu propio padre.

Me da una última patada en las costillas y sale de la habitación a grandes zancadas, dando un portazo.

Mi madre corre hacia mi sin dejar de llorar y me acaricia el pelo.

-Lo siento, lo siento.- murmura mientras solloza. La veo derrumbarse frente a mi y no puedo hacer nada.



Días después...


Tengo frío, me tapo, pero se que es inútil, el frío viene de adentro. Hace días que no salgo de mi habitación, no quiero comer, no quiero beber, ni siquiera llorar funciona, mis ojos están secos, ardiendo, recordándome lo débil que soy minuto tras minuto.

Miro el reloj, son las dos de la mañana. Mi garganta arde, estoy deshidratada. Me levanto de la cama y me pongo mis zapatillas, sin hacer ruido, voy hacia la puerta de mi habitación. Paso en frente del espejo y mi respiración se detiene mientras observo mi figura en el. He perdido un poco de peso, mis ojos se ven tristes, cansados, sin vida, casi irreconocibles por las enormes ojeras que tengo. No hay ningún rastro de emoción en mi rostro y estoy pálida, incluso mi cabello se ve diferente. Me obligo a moverme, arrastro mis pies hasta la puerta y giro el pomo, el aire frío de la noche me golpea y me hace temblar.

Salgo por el corredor y me dirijo al baño. Entro enciendo la luz y abro el grifo. Junto mis manos formando un pequeño cuenco y las lleno de agua para poder beber. Está fría y a mi garganta le hacía falta, es refrescante. También me lavo la cara y cundo termino, me vuelvo a mirar en el espejo. Mis ojos carecen de emoción, soy un cuerpo sin alma. Una voz interrumpe mis pensamientos, es Valentine, discute con mi madre en su habitación. Seguro que está borracho. Escucho las súplicas de mi madre y un sonido lastimero. Le está pegando, como siempre. Y ya no aguanto mas, me derrumbo en el piso del baño y dejo que las emociones me abrumen y me destrocen. Sé lo que necesito ahora.
Las lágrimas empiezan a caer y me estiro para alcanzar la parte de atrás del pequeño armario del baño. Busco y busco hasta que encuentro la hoja del cúter muy bien escondida. La tomo con fuerza y levanto la manga de mi camiseta.

La adrenalina corre por mis venas como un dulce veneno y se que deseo esto. Mi escape. Pongo la hoja del cúter sobre mi piel y la deslizo sobre ella, un líquido escarlata empieza a correr por mi muñeca y cae al piso. Una intensa punzada de dolor me atraviesa y por un momento, no existe nada mas, solo dolor, solo alivio. Miro mi muñeca teñida de sangre y sonrío. Vuelvo a pasar la hoja del cúter sobre mi piel, una y otra vez. Los nuevos cortes se mezclan con las marcas antiguas y las tiñen de rojo, el agudo dolo no desaparece, pero mi mente se va apagando.

¿Que está pasando? Esto es nuevo, nunca me había ocurrido. Estoy perdiendo mucha sangre. Mis brazos y mis piernas están entumecidas y no puedo moverme. Estoy acostada en el piso del baño, en un gran charco de sangre, y me siento bien. Ya entiendo lo que está pasando.

Me estoy muriendo.

Sonrío, feliz, aunque no lo crean, este podría ser mi final feliz. Sea donde sea que vaya a ir ahora, Valentine no podrá hacerme daño, mi propio padre no podrá seguir pegándome hasta que pierda la consciencia, no voy a tener que estar toda mi vida cuidando mis pasos y midiendo mis palabras. Las voces que llegan de la habitación se van apagando y mi visión se va nublando. Suelto la hoja del cúter, ya no la necesito, ya soy libre, puedo irme, sé que mi madre me acompañará después y estaremos las dos, juntas, sin nadie que nos pueda lastimar más de lo que ya lo hicieron.

Cierro los ojos, y el ultimo pensamiento que tengo antes de que las lagunas del olvido me lleven, es para mi madre. Mi cuerpo se apaga y siento como la vida se escapa de mi, tengo mucho frío y no siento nada, ni siquiera el dolor me acompaña ahora. Todo se vuelve negro, y sé que por fin, estoy sola... y soy libre.

                                                            Fin.


¿Que les pareció? Pueden decirme en los comentarios. ¡¡¡Aquí abajo les dejaré un par de fotos de lo que fué el taller!!!! (Y del hermoso poster que me regalaron y ahora está colgado en la pared de mi habitación)









24 de abril de 2014

Nada es lo que parece. ¿O si? (Capítulo 6)

Estaba acostada en un prado mirando las nubes y lo mas importante de todo, tenía un chico a mi lado.
 -¿No me hablas?
 -Sh. Calla- le dije.
 -Ana.
 -Oh, por el amor de dios Mariano, CALLATE!
 Después de horas preguntándome cosas absurdas tenía la mente echa un lío y solo quería paz y tranquilidad. Se incorporó y me tapó la vista, mirándome a los ojos.
 -¿Estas enojada?- Dijo sonriendo.
 Suspiré y cerré los ojos.
 -No. Pero me has acosado a preguntas todo el día, creo no es mucho pedir, tener un poco de silencio.
 El volvió a recostarse y empezó a hablar de nuevo.
 -¿Sabes? Eres muy rara. No se por que insistió en que...
 De repente se calló y yo me incorporé para mirarlo a los ojos.
 -¿Quien insistió en que?
 El apartó la vista y susurró.
 -Nadie.
 Mentiroso.
 -¡Oh vamos! Todo el día preguntándome cosas, sin explicarme el porqué y cuando te pregunto algo ¿no me contestas? ¡Muy desconsiderado de tu parte! ¿No crees?
 El se encogió de hombros y cerró los ojos.
 -Me tapas el sol. - Susurró.
 ¿Que? ¿No iba a decirme nada? Este tipo, que conozco desde esta mañana, ha estado preguntándome cosas todo el día, y ahora, cuando he intentado sacarle algo de información, me ignora? Ambos podemos jugar a esto.
 Me levanto sin hacer ruido y miro a mi alrededor buscando el camino por donde vinimos. Estamos en medio de... ¿Donde demonios estamos? En realidad no lo se. Miro a Mariano, creo que está dormido. No recuerdo el camino pero tengo que irme, empiezo a caminar hacia la izquierda, tengo que salir de aquí, ahora que lo pienso, a este chico no lo conozco de nada, solo se que se llama Mariano... Y que conoce a Lucas.

Horas antes...
 -Creo que vamos a tener que conocernos mas.
 Lo miro confundía.
 -¿Como sabes mi nombre? - le pregunté.
 -¿Quieres dar un paseo?- Me dijo sonriendo.
 -¿Sueles cambiar siempre de tema?-Ladee la cabeza.
 -¿Vas a responderme?- Dijo alzando las cejas.
 -¿Siempre respondes las preguntas con otras preguntas? - Le acusé irritada.
 -¿Siempre preguntas tanto? - Dijo el divertido.
 Suspiré.
 -¿Vas a responderme a algo?
 El suspiró también.
 -Solo si das un paseo conmigo.
 -¿Estas loco? Tengo clases y tu también.
 El sonrió divertido y alzó las manos, señalando a nuestro alrededor.
 -A nadie le importará que nos escapemos. Además, ya llegamos tarde.
 Miré a mi alrededor, los pasillos estaban completamente vacíos, todos estaban en sus respectivas clases. Suspiré.
 -Aun así, esperaré hasta la próxima hora. Apenas te conozco, no saldré a pasear contigo.- Le repliqué enojada, por su culpa había llegado tarde.
 El sonrió divertido.
 -Quizá a mi no me conoces... Pero conoces a Lucas.
 Aguanté la respiración y lo miré. Lucas... ¿Estaba hablando de “el”? ¿Estaba hablando del chico que ocupó mis sueños anoche? ¿Del propietario de los increíbles ojos azules? ¿Del misterioso chico que me había besado? ¿El que no dejaba de aparecer en mis pensamientos? Sin dudarlo, me encaminé a la salida, sabiendo que el me seguiría.
 -¿A donde vamos? -Le dije cuando salimos del instituto.
 El sonrió y siguió caminando, yo fui detrás y me detuve cuando el lo hizo. Estábamos en el aparcamiento el instituto. Mariano se dio la vuelta y me miró con una sonrisa traviesa. Detrás de el, había una moto negra, enorme. Entonces, mi cerebro hizo “clic”.
 -¿Que? ¿Estas loco? ¡Eso si que no!- Exclamé con los brazos en jarras.
 El arqueó las cejas y me miró obviamente divertido.
 -Lucas.-Fue lo único que dijo.
 Cerré los ojos y suspiré. Me permití un momento para respirar hondo unas cuantas veces y después, con los ojos aun cerrados, me acerqué a la moto. Abrí los ojos y lo miré, el se subió y me hizo un gesto animándome a seguirle. Sin mas remedio, me monté en la moto.


-¡Oye tú! ¿Adonde vas? Vas a perderte.-La voz de Mariano me devolvió a la realidad.
 Sobresaltada, apuré el paso, ignorándolo completamente.
 El corrió al lado mio y me tomó por el brazo haciéndome detener.
 -¿A donde vas?-Me preguntó confundido.
 Lo miré y me solté del su agarre.
-¡A donde sea que me aleje de ti!-Le dije enojada.
 El me miró y estalló en una carcajada.
 -¿Estas enojada?-Me preguntó aun divertido.
 -¡Que perspicaz de tu parte!-Le repliqué de brazos cruzados.
 -¡Oh vamos! ¡Que te he echo? - Dijo intentando reprimir una sonrisa.
 -Primero que nada ¡me has echo perder clases! Segundo ¡me has echo subir a una moto! Tercero,¡has estado acosándome a preguntas durante toda la mañana! Y, para colmo, me traes aquí alegando que conoces a Lucas ¡pero no me has dicho nada de el! ¿Cual de estas cosas piensas que es peor? -le exclamé elevando una ceja.
 El me miró cauteloso y dio un paso hacia mi. Yo, inmediatamente, di un paso atrás.
 -Mi turno.-Le dije entrecerrando los ojos. - ¿De que conoces a Lucas?
 -Es... Un amigo.
 -Sin evasivas.-Le susurré con el ceño fruncido.
 -Es mi mejor amigo y mi compañero de piso.
 Asentí satisfecha y elegí con cuidado mi próxima pregunta.
 -¿Que te ha dicho el de mi?
 El entrecerró los ojos, al igual que yo hace unos momentos.
 -No mucho. Solo que chocaste con el, caíste, te golpeaste la cabeza y te desmayaste. El te llevó a nuestro apartamento y cuando despertaste, te llevó a casa. Eso y que te llamas Anastasia Morgan.
 No ha mencionado el beso. En el fondo, creo que me alegro, lo que no entiendo es porqué el esta aquí, no entiendo que quiere de mi.
 -¿Que quieres de mi?-Le pregunté mirándolo a los ojos.
 El dudó y por fin habló.
-Solo quería que fuéramos amigos, quiero conocerte. Es muy inusual que Lucas haga eso, traer a alguien al apartamento y mucho menos, acompañarte a tu casa. Aunque te hayas desmayado, es muy raro. Quería saber porqué lo hizo y la mejor forma, es conocerte.
 Pensé en su respuesta durante un rato... Y la di por valida. Sonaba razonable. Pensé en Lucas, en su aspecto amenazador y atractivo... Si, encajaba. Había tanto que quería saber de el... Necesitaba verlo.
 -¿Trabaja? ¿Estudia?
 El negó con la cabeza.
 -Trabaja pero no estudia.
-¿En que trabaja?-Demandé ansiosa.
 El miró hacia el cielo con los ojos perdidos en las nubes.
 -El y yo trabajamos con...
 De repente se detuvo, lo miré y vi cautela en sus ojos. Supuse que había estado a punto de decir algo que yo no debía saber. ¿En que trabaja?
 -El... El me dijo que era peligroso.-Le susurré.
 El me miró y agrandó sus ojos marrones. Hizo una mueca de asombro, pero asintió.
 -Lo es, Ana, lo es.-Dijo también susurrando. Luego miró la hora. -Es tarde, debemos irnos.
 Confundida por sus palabras, lo seguí sin protestar, se encaminó hacia la derecha, dirigiéndose hacia una arboleda. Confundida, apresuré el paso, el se había adelantado un buen tramo y caminaba a gran velocidad. Fruncí el ceño, no habíamos pasado por ahí cuando vinimos.
 -Oye! Esperame! No es por ahí! -Le grité.
 El se giró y me sonrió, pero siguió caminando.
 -¡Mariano!- Exclamé.
 El se adentró en la arboleda y las sombras se lo tragaron. Con el ceño fruncido, me puse a correr para no perderlo, pero cuando llegué al pie de la arboleda, no lo veía por ninguna parte. Me llevé las manos a los labios formando un megáfono con ellas y grité su nombre. No hubo señal. Respiré hondo y di un paso adentro de la arboleda, dejando que la oscuridad me envolviera.
 Las copas de los arboles eran tan densas que tapaban todo el cielo soleado. Pequeños rayos de luz se filtraban entre las ramas, dejando ver el bosque a mi alrededor. Si hace unos minutos no hubiera estado a plena luz del sol, pensaría que era de noche. El silencio y la quietud me impresionó, todo estaba muy calmado, ni siquiera las hojas de los arboles se movían, el viento no corría. Seguí caminando en la oscuridad intentando encontrar a Mariano. ¿Donde demonios se había metido?. De repente, un arbusto a pocos metros de donde me encontraba, se agitó haciendo ruido. ¿QUE HABIA SIDO ESO? Di dos enormes pasos hacia atrás y nuevamente el arbusto se agitó. ¿Y si era un animal salvaje? Oh no! ¿Justo ahora tenía que haberse ido Mariano? El pánico se apoderó de mi y un grito crecía en mi garganta, pero una mano me tapó la boca, evitando que gritara. Me debatí luchando con todas mis fuerzas para liberarme, pero fue inútil, era mas fuerte que yo.
 -Sh, no hagas ruido- Me susurró en el oído. Mi cuerpo se relajó inmediatamente al reconocer la voz de Mariano. El sintió el cambio en mi cuerpo y me liberó. Me giré para encararlo, pero el se llevó un dedo a los labios y señaló el arbusto, que en ese mismo momento volvió a agitarse.
 Me tomó de brazo y me puso detrás de el, protegiéndome. Se agachó y, ante mi asombro, vi que en su mano había una una navaja. ¿Que demonios hacía con una navaja? Quería preguntarle, pero en ese mismo momento, el arbusto volvió a agitarse y de ente sus ramas, saltó directamente hacia nosotros... Un conejo.
 Una risita nerviosa se escapó de mis labios. Y Mariano se unió a mi, pronto estábamos revolcados de risa en el suelo cubierto de hojas.
 -Es.. es..-Una risotada se escapó de sus labios.- Era un conejo!!!
 Volví a reír y respiré hondo para calmarme. Algo me estaba inquietando y debía preguntarle. Ya calmadas las risas, nos pusimos de pie.
 -Tengo que preguntarte algo.-Le dije mirándolo seriamente.
 -Dispara.- Me dijo guiñandome el ojo.
 Hice una mueca y dudosa, me alejé un paso.
 -¿Por qué viniste al bosque? ¿Por qué no me esperaste? ¿Por qué demonios llevas una navaja?-le susurré entrecerrando los ojos.
 Su rostro se ensombreció.
 -Esas son varias preguntas. -Dijo-Solo quería hacerte una broma Ana, quería asustarte en el bosque.
 Elevé una ceja y me crucé de brazos.
 -¿Y la navaja?-Le pregunté con un hilo de voz.
 El se acercó un paso y yo retrocedí. Se detuvo siguiendo mi movimiento con los ojos y cuando creí que no hablaría, el susurró:
 -Lucas tenía razón cuando te dijo que era peligroso, Anastasia.
 Fruncí el ceño un escalofrío me recorrió.
 ¿Que demonios significa eso?
 -¡Explicame! ¡Explicame porqué!-Le dije enojada.
 El me miró y se acercó un paso.
 -Es hora de irnos.
                                                                  **************
 Era aquí. Me escondí detrás del contenedor de la basura, así tenía una clara vista hacia la puerta del bar y podía ver la entrada del callejón. Ahora solo debía esperar. La calle estaba desierta y el bar estaba por cerrar, era la ocasión perfecta. Me puse en cuclillas ocultándome y esperé hasta que Klaus saliera. Dylan me había llamado media hora antes dándome la hora y el lugar donde debía estar y se disculpó por no no poder estar conmigo. No importaba, yo podía solo. Sus ojos aparecieron de repente en mi mente, sus labios, su pelo. ¿Que mierda es lo que está mal conmigo? No podía dejar de pensar en ella. Un movimiento en la puerta me trajo de vuelta a la realidad. Era Klaus. Me puse la capucha y salí de mi escondite, acercandome a el. Klaus era robusto y alto, pero no era nada que no pudiera manejar. No estaba solo, un hombre alto, de tez morena y de gafas de sol (¿En plena noche?) lo acompañaba, supuse que era su guardaespaldas. Me acerqué sigilosamente por detrás y me moví hacia el guardaespaldas.
 -Señor ¿Sabe donde está la calle 34?-Le pregunté tocándole el hombro.
 El se giró bruscamente y me examinó de arriba abajo, evaluando si era una amenaza. Finalmente decidió que no lo era. Klaus esperó pacientemente, ni siquiera se molestó en mirarme.
 -Por allá, gira a la izquierda y luego camina tres calles. - El se giró, dándome la espalda y señaló la calle que se encontraba a la derecha.
 Ese segundo en el que se giró, fue todo lo que necesité. Le patee la rodilla haciendo que perdiera el equilibro y su cuerpo se inclino levemente hacia adelante, le golpee la nuca con un movimiento fuerte y preciso. Se desplomó, en dos segundos, lo había noqueado. Me giré hacia Klaus, que había empezado a correr al ver que quedaba sin protección. Corrí detrás de el y cuando lo alcancé lo tiré del brazo, haciendo que cayera al suelo, el terror se veía en sus ojos marrones, esos ojos tan parecidos a los de...¡Concentrate imbécil! Klaus me pateó el pecho, dejándome momentáneamente sin respiración. Él se incorporó y yo también lo hice, Klaus era apenas un poco mas alto que yo, así que no tuve problemas en hacerle un gancho de izquierda. El retrocedió un par de pasos por el golpe y se abalanzó contra mi, lo esquivé y le patee la rodilla, enviándolo al suelo, puse mis manos a los lados de su cabeza e impacté la rodilla contra su nariz dejándolo inconsciente. Lo siento. Tomé su cabeza poniendo una mano en su mentón y la otra en su frente, y con un giro rápido, lo maté.
                                                                      ***************
 -Gracias por el paseo.-Me dijo cuando nos bajamos de la moto.
-Claro.-Le dije mirándolo indiferente.
 El ladeó la cabeza y me miró, claramente divertido.
 Me acerqué hasta quedar a un paso de el.
 -Tiene que explicarme cosas.
 El sonrió de una forma extraña.
 -No, yo creo que no- me contestó y me guió un ojo, aun sonriendo.
 -¡Ya lo creo que si! Aun no me has dicho anda sobre Lucas! -Le grité.
 El acercó su rostro al mio y por un momento, pensé que me iba a besar, pero no lo hizo, acercó sus labios a mi oreja y me susurró:
 -Hasta luego, Annie.
 Con esas palabras, se subió a la moto y se fue. Yo me quedé asustada, el cuerpo me empezó a temblar y lágrimas empezaron a bajarme por las mejillas. El lo sabía. Me había dicho Annie. Y solo una persona en todo el mundo me llamaba así cuando era niña. Bill.

Nada es lo que parece. ¿O si? (Capítulo 6)